Una huella que no había forma de que el lector reconociera.
Una huella que no había forma de que el lector reconociera. Ese fue el aviso de esta semana, en la Avenida de Francia, cerca de la Ciudad de las Artes y las Ciencias.
El cliente tenía una reunión en veinte minutos y ya se veía llegando tarde, con la puerta cerrada y el móvil sin batería para el respaldo. Cogí la furgoneta con el maletín de cerraduras electrónicas, que cada vez pesa más, y llegué antes de que se pusiera nervioso del todo.
El fallo estaba donde casi siempre está: la pila del lector, gastada después de todo un verano sin revisión. Reinicié el sistema, cambié las pilas y volví a dar de alta las huellas guardadas.
Cuestión de minutos.
Esto pasa más de lo que parece. Una cerradura inteligente en Burjassot avisa igual que una normal, solo que avisa distinto y casi nadie sabe leer el aviso.
Llevo más de una década trabajando como cerrajero en Burjassot, siempre repartido entre Burjassot y Valencia, y cada año veo más instalación de cerraduras inteligentes en pisos y locales. Si tienes una en casa, revisa la batería antes de que decida fallar ella sola. Y si ya te has quedado fuera, llámame, que suelo andar cerca.